El narcisismo y la paradoja del individualismo

Como los pueblos indígenas de América del Norte han reconocido desde hace mucho tiempo, la necesidad del “hombre blanco” de alardear y de adoptar un comportamiento narcisista (que a menudo llega a su extremo en las redes sociales) revela una verdad fundamental: por mucho que nos escondamos detrás de las pantallas, somos seres profundamente sociales. Los humanos tenemos una necesidad innata de compartirnos a nosotros mismos y nuestros logros con los demás, porque, sin un contexto social, nos sentimos incompletos.

La engañosa ilusión del individualismo neoliberal nos dice que podemos valernos por nosotros mismos, pero esto simplemente no es cierto. No puedes elevarte por encima de los demás si no hay nadie más con quien compararte. No puedes acumular riqueza sin alguien a quien explotar. No puedes llamarte un influenciador si nadie te sigue. En esencia, sin los demás, estás perdido.

En lugar de reconocer nuestra naturaleza social y reconocer que nos necesitamos unos a otros para vivir y prosperar, muchos en el mundo occidental se esfuerzan por distanciarse de los “otros”: se esconden detrás de las pantallas, persiguen seguidores y persiguen la riqueza.

Los influencers de las redes sociales suelen exhibir sus logros, su riqueza y su lujoso estilo de vida, y establecen estándares poco realistas que presionan a sus seguidores para que se adapten a ellos. Esto puede generar sentimientos de incompetencia y perpetuar una cultura del individualismo, en la que el éxito personal se prioriza por sobre el bienestar colectivo de la sociedad.

La cultura de los influencers fomenta la comparación social, en la que las personas miden su valor en función de las vidas seleccionadas que ven en línea. Esto genera ansiedad y aislamiento, y pone de relieve la paradoja del individualismo: si bien somos seres sociales por naturaleza, la sociedad moderna nos alienta a “seguir el ritmo” de los demás, en lugar de centrarnos en los valores comunitarios.

La exposición a la vida de los influencers puede moldear las identidades personales, lo que impulsa a las personas a adoptar los rasgos o estilos de vida asociados con el éxito. Este fenómeno refleja una mezcla de individualismo (en el que la marca personal y la autopromoción ocupan un lugar central) y el deseo de conexión social, ya que las personas buscan la validación de los demás.

Si bien la cultura de los influencers puede aislar a algunos, también puede crear pseudocomunidades entre seguidores que aspiran a estilos de vida similares. Esta paradoja revela cómo las actividades individualistas pueden celebrarse dentro de un contexto social, mostrando que los humanos constantemente navegan en el equilibrio entre la individualidad y la pertenencia.

El auge de la cultura de los influencers ha cambiado las normas sociales, reconfigurando las ideas de éxito, belleza y felicidad. A menudo prioriza los logros individuales sobre las narrativas colectivas, lo que indica un cambio más amplio hacia el individualismo en las sociedades modernas. Sin embargo, la paradoja sigue siendo: el individualismo no puede prosperar sin una sociedad de otros.

En última instancia, el fenómeno de los influencers ilustra la compleja relación entre el individualismo y la conectividad social. Si bien enfatiza el deseo humano de distinción personal, también resalta nuestra naturaleza social inherente, ya que navegamos por nuestras identidades dentro de un marco comunitario. Equilibrar estos elementos es esencial para cultivar un entorno de redes sociales más saludable que celebre tanto los logros personales como el bienestar colectivo.